venres, 27 de xuño de 2014

De Viaje (III). Machupicchu.

Pues no hay muchas novedades esta vez. Sigo trabajando cosillas para la ONG, preparando las entrevistas e intentando informarme más del caso. Mientras tanto, vida rutinaria; mañanas en la oficina, gimnasio al salir, y un poco lo que cuadre después. La verdad es que después de un tiempo en el que cada día era una aventura, y luego los viajes... se agradece tener una pequeña rutina donde puedas controlar un poco tus tiempos. Aunque me da que no durará mucho esta vez, los ahorros empiezan a terminarse y la idea de tener que volver está cerca, así que es probable que no termine el invierno andino en los Andes...

Pero eso se irá decidiendo poco a poco, y ahora toca contaros un poquito el viaje a Machupicchu. Como sabéis, es Patrimonio de la Humanidad y ha sido nombrado una de las nuevas siete maravillas del mundo moderno. Además de eso es el destino turístico más visitado de toda América, y uno de los más visitados del mundo, y por lo tanto es una fuente de ingresos muy importante para el país, y más todavía para Cusco. En realidad, Cusco entero vive de Machupicchu y otros centros arqueológicos tanto Incas como pre-incas. Cusco ciudad apenas tiene un par de industrias venidas a menos, y no existe el sector productivo. Vive enteramente del turismo y los servicios derivados de éste. El resto de la provincia, está plagada de minas y otras actividades extractivas.


La entrada al santuario está limitada a 2500 personas diarias. Y la media en lo que va de año es de casi 2000. Existen diferentes tipos de boleto. Uno te da acceso a lo que (se supone que) fue la zona residencial, administrativa, militar, la cantera, la visita a un puente Inca que medio se conserva y a la puerta del sol, la que era una de las entradas a la ciudadela. Después te toca pagar aparte si quieres subir al Waynapicchu o al monte Machupicchu y también al museo. Por lo que existen cuatro tipo de boletos con diferentes precios. Además, el acceso a Waynapicchu está limitado a 400 personas diarias en dos turnos de doscientas, unos suben a las siete de la mañana y el otro a las diez. La entrada no es realmente caro. Yo pagué precio de estudiante que son 80 soles (21 euros) y el precio de adulto normal es el doble, 160 soles. Lo realmente caro es el tren para llegar allí. Aunque si tienes tiempo, es cierto que hay otras opciones más baratas.




Entonces, aunque hay opciones para todos los gustos y bolsillos, nuestra aventura, a falta de tiempo, consistió en ir a Ollantaytambo desde Cusco en Combi. Pasamos la noche allí, y visitamos el centro arqueológico del lugar, incluido en el boleto turístico. De ahí, nos fuimos a Aguas Calientes, que realmente se llama Machupicchu pueblo. Ahí fue donde después de buscar un hostal, nos fuimos a subir el Putucusí (un par de entradas atrás en el blog). Como también dije allí, este pueblo fue construido expresamente para alojar a la gente que viene a visitar el Santuario. Si Cusco ciudad vive del turismo, aquí sólo hay restaurantes, hoteles, hostales y poco más. Todo llega vía tren y no producen nada. EL pueblo es feo, y ha crecido desordenadamente. Pero esto no es una novedad en Perú. Así que para ojos del Peruano es un sitio normal y corriente, incluso bonito, pues la mayor parte de las casas están terminadas.



El turismo en Cusco es algo muy discriminatorio. Estos días han sido las fiestas del Cusco, entre ellas la fiesta principal de la ciudad, el Inti Raymi, o fiesta del sol. Bien, la entrada para ver la representación en Saqsaywamán, un centro arqueológico cerquita de la ciudad de Cusco, cuesta 400 dolares. Un precio que pocos cusqueños, y casi ningún turista puede pagar. En la misma línea, el tren que lleva desde Ollantaytambo a Machupicchu, cuesta, dependiendo de la hora y día, unos 120 dólares, o sea, unos 90 euros por un viaje de ida y vuelta de una hora y media por trayecto. Más caro que el AVE. Existen otros trenes, pero sólo es de uso local, y como piden DNI para entrar, no te permiten la entrada si eres extranjero. Esto viene a incidir en la forma en que ven en esta parte del mundo a los turistas; sacos de dinero con patas.





Lo peor de todo es que hay dos empresas que hacen este trayecto, y las dos están concesionadas. Osea, es una empresa extranjera la que se lleva todo este beneficio. Podeis haceros una idea de que no es poca, si calculais que entran unas 2000 personas por día, y más de la mitad de esta gente lo hace por esta vía. Es un negocio perfecto que el Estado Peruano, al igual que hace con la industria extractiva, deja que se enriquezcan las multinacionales, en lugar de aprovechar ese recurso económico para construir hospitales, colegios, mejorar la educación y la sanidad o las infraestructuras del país, por poner un ejemplo. Sin hablar de invertir en políticas sociales, totalmente inexistentes o en una remodelación del profundamente corrupto sistema político.



En fin, la cuestión es que el tren al menos es bonito y te dan de comer. Ya pueden, dado el precio. También, a la vuelta, tuvimos la desgracia de asistir a un desfile de los propios azafatos y azafatas del tren. Allí saltaban y brincaban como cabras con prendas hechas de lana de alpaca que por supuesto te querían encasquetar a "módicos" precios de turista. Después del bochornoso espectáculo nos deleitaron con una supuesta danza tradicional. Esto de explotar la riqueza étnica del país es otra cosa muy común. Probablemente la gente que esté teatralizando eso no ha bailado algo tradicional en su vida. Pero en un país como Perú y en una zona andina, nunca hay que escatimar la posibilidad de explotar lo folklórico, lo tradicional, aún en un contexto tan extraño, poco significativo y alejado de su realidad como el pasillo de un vagón de un tren.

Vale, vale, estoy tardando en llegar a Machupicchu. Bien, nosotros compramos los tickets de bus la noche anterior (19 dólares ida y vuelta. Todo lo que tenga precio en dólares en este país, puedes dar por seguro que te están cobrando cuatro veces más de lo que realmente cuesta el servicio), y al día siguiente nos levantamos a las cinco y media para ir a coger cuanto antes el bus. Al llegar a la parada, la cola era ya considerable. Increíblemente, la cosa estaba bastante bien organizada. En general he de decir que lo que es Machupicchi es de las pocas (¿única?) cosas bien organizadas que he visto en este país. Claro que el propio acceso por carretera al santuario estaría casi prohibido en cualquier país del mundo, pero uno ya, visto lo que ha visto en cuanto acceso e infraestructura, ve las cosas de forma muy diferente y se acaba por adaptar.


Hay otra opción que es ir caminando. Puedes tardar como una hora u hora y media, todo cuesta arriba. Como el sitio de santuario es grande, y sabíamos que el día iba a ser largo, decidimos ir en bus para aprovechar bien el tiempo dentro del santuario. Decisión de la que no nos arrepentimos, porque después de subir y bajar a la Montaña Machupicchu, quedan pocas ganas de seguir caminando. Y realmente el camino hacia abajo no es nada que no veas desde el propio Machu Pichu y ya si has subido al Putucusí, no te pierdes absolutamente nada. En realidad, las vistas las puedes ver igualmente desde el bus, también.


Bueno, pues estamos dentro. La entrada se hace relativamente rápida y somos de los primeros en entrar. De hecho en la primera hora, con pocas personas nos cruzamos por el lugar. No os voy a contar las diferentes partes que tiene el Machipicchu ni las interpretaciones de lo que pudo ser o no fue. Hay miles de libros, y sino, la wikipedia cuanta muchas cosas sobre el sitio. Todas ellas más fiables probablemente que cualquier guía que podáis encontrar en el sitio.  Y para ello os contaré una anécdota que describe muy bien la idiosincrasia de las gentes peruanas. Resulta que para un peruano es biológicamente imposible decir "no se". Simplemente es una respuesta que no entra dentro de su abanico de posibilidades. Es como si les fuese imposible vivir con la incertidumbre, o reconocer que desconocen algo. Podemos suponer que es también porque son muy amables y no quieren dejar al pobre "gringo" sin su información. Consejo; si una respuesta a una pregunta por un lugar, persona, hora, cosa o información cualquiera empieza por "de repente..." no hagáis caso. Esa persona no tiene ni puta idea de lo que le estás preguntando y te está mandando a donde da la vuelta el viento. Con suerte. Esto me ha llevado algún tiempo llegar a comprenderlo, y sobre todo muchas pérdidas de tiempo y paciencia. Para aclarar, en español de Perú "De repente" significa "quizás, a lo mejor, puede que" Aunque en este contexto yo directamente lo traduzco por "Pues no tengo ni la más remota idea, pero voy a decir una cosa aleatoria, aparentando que realmente sé de lo que estoy hablando, te mando al quinto carallo, y me quedo tan tranquilo". Literalmente.

Ya, la anécdota. Bien, estábamos yo e Irene sentados en la zona donde se controla el acceso al Waynapichu, donde se encuentra esta piedra;



Mientras estábamos sentados llegaron varios grupos con guías. El primero, en inglés, les pregunta a su grupo que qué pensaban que representaba aquella piedra. Uno dice que la piedra parece armadillo. El guía dice que no. Vuelve a intentarlo. Representa las montañas de atrás, pues tiene la misma silueta. El guía vuelve a negarlo. Los guiados se rinden y el guía dice que la piedra representa un Cuy, que es como llaman aquí, procedente del quechua, a los conejillos de indias. Animalitos que se comen en esta zona de los andes, y que conviven con ellos en sus casas como si fuesen una piara de cerditos pequeños, alimentándose de los restos de comida y que, según explicó el guía era un animal sagrado para los Incas. Segundo grupo, hablando en portugués. Llegan, se ponen en frente del pedrolo, y el guía todo pancho suelta que esa era una piedra sagrada porque representaba un armadillo y el armadillo era un animal sagrado para los incas. Tercer grupo, este en español, llega al lugar, y le explica a los turistas que aquella piedra representaba las montañas de atrás, pues era la misma silueta, y como sabíamos, las montañas eran sagradas para los Incas. La conclusión fue clara; los peruanos también saben metértela doblada sin poner el "de repente" al principio de la frase. Bien al contrario, pueden incluso parecer completamente seguros de la información que están dando !!


Bueno, bromas aparte, la conclusión es que básicamente, tras la llegada de los españoles y la posterior destrucción de los lugares sagrados, y sobre todo la gran matanza, esclavización y pérdida de vidas en la sociedad Incaica, lo que eso supuso fue una desaparición total de los conocimientos y cultura Inca. Y ahora lo que existen son cientos de interpretaciones. Cada una basada en cientos de evidencias que se pueden interpretar de mil maneras. Para mí, y ahí continúa esta idiosincrasia del peruano, pero también una estrategia comercial y turística. Personalmente he visitado muchos lugares en los que no se sabía con certeza el significado de una pintura, la utilidad de una construcción, el lugar que ocupaba una estructura o determinado monumento. Y precisamente sé esto porque esa es la información que se me ha dado, o que he podido leer. No todo se sabe, y muchas cosas nunca se llegarán a saber porque su contexto no existe, porque se ha perdido la información con la que podemos interpretar o entender algo. Bien, aquí no se puede dar esa sensación. Puede que en parte por esa incapacidad del no poder decir "no sé", pero también en parte porque se ha creado un gran mito en torno al lugar que hay que mantener con afirmaciones exactas, con hechos concretos, con informaciones que irrefutablemente demuestren la importancia del lugar.


Y lo cierto es que se sabe bien poco de manera certera. Por ejemplo, el propio nombre "Santuario" hace pensar directamente que es un lugar religioso. Pero en realidad no lo era. En cada ciudad Inca tienes el templo del Sol y el templo de la Luna, como en Ollantaytambo, Cusco y casi cualquier ciudad de origen Inca. Eso no convierte a estas otras ciudades en Santuarios. Es como si a cada parroquia la llamamos santuario porque hay una iglesia. Es probable que el lugar fuese más una ciudad administrativa/militar, donde por supuesto había zonas de vivienda que no eran más sagradas que cualquier otro espacio. Pero, otra vez, parece que los Incas eran una sociedad extremadamente religiosa donde todo tenía significado sacro, o no lo tenía. Desde luego, yo diría que hay mucho de idealización y pocos indicios. Pero por supuesto, el mito vende y bien. Y si no hay pruebas para lo uno, tampoco para lo otro, quiero decir, que yo no tengo más razón que el que dice que esa piedra es un cuy, o las montañas o el armadillo. Pero probablemente, y si lo digo de manera convincente, tampoco tendré menos.



Menudo ladrillazo. Y os pensabais que os iba a hablar de lo bonito que era el lugar. Qué poco me conocéis. Pero sí, además de todo esto, el lugar es precioso. Sin importar que no se sepa qué es cada cosa, que no haya carteles explicativos por ninguna parte (esto dejaría sin trabajo a muchos guías del lugar, así que tomemoslo como una política social del país en favor de la creación de empleo) y que no haya donde comprar agua o ninguna fuente para beber, en un lugar donde de media la gente pasa cinco o seis horas, el lugar es precioso. Además de la visita a la zona arqueológica, esa que veis en todas las fotos típicas, nuestra entrada era la que incluía la montaña Machupicchu. Y fueron dos horas de subida bastante fuerte bajo un sol que no ayudaba precisamente. Pero el esfuerzo tuvo su recompensa, y estas son las vistas desde allí arriba.






Como curiosidad, decir que en lo más alto de la montaña había dos policías, con los que todo el mundo se sacaba fotos. Por lo que les escuché, resulta que los mandan en parejas una semana, y durante una semana tienen que subir y bajar cada día esa pedazo de mole. Después los devuelven a sus destinos habituales. Dado que el trabajo habitual de un policía en Cusco es estar en una esquina o bien llamando por teléfono, tomando un helado, comiendo un bocadillo o charlando con el/la compañera y que lo más cerca a trabajar que hacen es pitar, desde ese mismo sitio, y mover el brazo en alguna dirección (siempre indicando lo mismo que el semáforo, por lo que su trabajo es realmente inútil) este destino debe ser realmente un castigo para todxs ellxs.

sábado, 21 de xuño de 2014

De Viaje II (Isla del Sol)


Como siempre, pequeña puesta al día de la actualidad para después contaros alguna otra cosa. Esta es mi segunda semana trabajando con la ONG Derechos Humanos sin Fronteras. Estos primeros días han sido de mucha revisión del caso que voy a trabajar, básicamente un montón de archivos judiciales con todo lo que ha sido la denuncia y las investigaciones hasta ahora y noticias que he ido encontrando e informes para conocer bien lo que ha sido el contexto social y político de todo eso. Mañana estaré viajando a la zona durante tres días, y espero poder empezar a entrevistar a gente.

En fin, más allá de eso, tengo todavía muchas cosas que contaros de los viajes de hace un par de semanas. Y creo que voy a ir a por el paseíto que nos dimos hasta Bolivia, concretamente a la Isla del Sol previo paso por Copacabana, la que está a orillas del Titicaca en ese país, no confundir con la Copacabana de Río de Janeiro en Brasil.


Como la cosa fue medio improvisada, nos fuimos al Terminal Terrestre (estación de autobuses) a indagar precios y horarios. Como siempre en estos lugares, preguntad e informaros. Si podéis preguntar a una persona que ya haya hecho el recorrido, mejor. En estos países te intentan engañar cada vez que pueden. Tanto en precios como en condiciones. Todos te dirán, para empezar, que son la ÚNICA compañía que van directos desde Cusco a Copacabana. Primera mentira, debe haber una docena como mínimo, sino más.  Por supuesto, el precio te dirán que te hacen una super oferta por ser tres personas, o por ser tan simpático, o por ser justo las 17:34 y es la hora a la que hacen esa oferta. Pregunta en otras ventanillas, juega su juego y diles que te han ofrecido un pasaje más barato en otro sitio. Existen compañías serias, donde los precios son fijos, y ni te suben dependiendo de la pinta de gringo que tengas o te bajan según tus artes negociatorias, pero casi todas acabarán bajando si la hora de salida está cerca y el bus está medio vacío.

En términos de buses, todo el mundo nos decía que cuidado, porque roban mucho en estos trayectos. El propio tipo a la entrada del bus decía a cada persona que “bastante cuidado con sus pertenencias”. No faltó nada, por suerte. A la vuelta, nos vendieron un bus directo que realmente paró en Puno, nos bajaron a todos durante hora y media a la estación con la excusa de que se iba a limpiar el bus (otra mentira, estaba igual de lleno de mierda y con olor a pies) pero que era directo de Copacabana a Cusco. Sí, en las mentes andinas, esto es igual a “directo” pero en realidad sabíamos que nos habían mentido y nos habían vendido dos billetes, uno a Puno y otro a Cusco desde allí. Incluso tuvimos que pasar por ventanilla e “intercambiar” el billete de bus para poder volver a entrar en el coche. No sé si realmente creen que la cosa cuela, o que somos todos idiotas. Probablemente, les de igual. Por supuesto, uno ha aprendido a ni inmutarse con estas cosas, y a ignorar los puteos de este tipo. Esta es una lógica totalmente normal en este país, amparada por la legalidad y la costumbre.

Antes de entrar en lo bonito del viaje, debo pararme en la frontera, como es de recibo. Cuando entras en Perú, además del sello en el pasaporte te dan lo que llaman “Tarjeta de inmigración Andina” que es un pequeño papelorio con tus datos que pone exactamente lo mismo que en el pasaporte. El amor y gusto por la burocracia en estos países da como resultado que tener una cosa por duplicado que diga EXACTAMENTE lo mismo, no les resulte extraño, contradictorio o inútil. Recuerdo lo importante que el tipo en la frontera, al entrar, me dijo que era ese papel, y que tenía que devolverlo al salir del país. Cuando crucé esta frontera, fui realmente consciente de lo importante que era…

Irente se había olvidado ese papel en Cusco, así que tuvo que conseguir otro. A mi simplemente me lo cogieron y lo tiraron a la basura, me pusieron el sello de salida en el pasaporte y todo correcto. SUPER importante. Pero a Irene le mandaron hacer cuatro fotocopias de su pasaporte. CUATRO. Cubrir la tarjeta andina de nuevo y pagar 20 soles por ello. Buscamos el sitio donde hacer las fotocopias. Se las llevamos al tipo. Las tiró a la papelera delante de nuestras narices. Cubrió el papel, y cuando le fue a pagar con 50 soles, dijo que no tenía suelto. Por supuesto. EL tema es que yo le dejé los 20 soles, que el tipo se guardó en su bolsillo y nunca nos dio un recibo, boleta, factura, comprobante o como queráis llamarlo de haber hecho dicha transacción. Preguntando si esto era normal, nos dijeron que no, que debían habernos dado algún tipo de comprobante del pago. O sea, que 20 soles extra para el señor gendarme de la frontera Peruana.


Por supuesto, después de todo esto, el tipo cogió el papel que nos había costado 20 soles, 4 fotocopias en la basura y todas las vueltas para conseguir eso, y lo depositó cuidadosamente en la basura.  Puso el sello de salida del país, y nos fuimos caminando hasta el control de entrada en Bolivia. Básicamente, lo mismo, nos pusieron un sello de entrada, nos dieron su versión de la tarjeta andina, que se llama igual pero es para Bolivia, nos montamos en el Bus y nos fuimos destino Copacabana, a unos 20 minutos de la frontera.

La llegada estaba prevista para las ocho de la mañana, pero como todo, eso es una hora de referencia que nunca se cumple. Llegamos  a las once y media y tuvimos que esperar a la una y media para coger el siguiente barco para la Isla del Sol. Mientras tanto, intentamos desayunar, aunque todo parecía abrir a las doce, conseguimos un sitio donde tomar un bocadillo y un café. A los diez minutos de estar allí se fue la luz en toda Copacabana, por lo que todo el tiempo que estuvimos allí no funcionaba nada, ni había internet, y había un cierto caos en los cajeros automáticos porque nadie podía sacar dinero, y en la Isla del Sol tampoco los había…



Después de un paseo por el mercado y por Copacabana, por fin cogimos nuestro barco. Con un retraso de apenas 50 minutos salimos para la parte norte de la isla. Habíamos leído que esa parte era menos turística, más tranquila, y nos habían recomendado también que la ruta era mucho más llevadera de norte a sur que viceversa. La Isla del Sol está a más de 4000 metros de altura, por lo que el esfuerzo físico se nota. Después de dos horas y media de paseíto en barco, llegamos a la parte norte de la isla donde un montón de niños salían a nuestro encuentro a ofrecernos un sitio donde hospedarnos. Pasamos la noche por 40 bolivianos (4,25 euros) justo al lado de una de las playas, pasamos unas horas aguantando el frío nocturno, mientras bebíamos un poco de vino dulce e intentaba hacer fotos al cielo y nos fuimos a dormir justo cuando un barco llegaba de Copacabana con un montón de gente borracha tocando. Al parecer habían aprobado algún tipo de acuerdo que traería más turistas a la isla.





Después de desayunar nos pusimos en marcha. La primera parada era el templo del Inca. Con forma de laberinto, el templo se sitúa en un lugar importante para la mitología y cosmogonía andina. Según esta, ahí está la piedra de donde Viracocha hizo nacer a Inti (el sol) después de ver lo mal que estaban el hombre y la mujer en la tierra sin nada que comer, ni sol que les calentara. Unas marcas de color amarillo rojizo en la piedra son prueba de ello. También, unas marcas del mismo color que hay a unos cuantos metros de dicha piedra, que según el mito son rastros de los primeros pasos del astro, al poco de nacer.



Mientras caminábamos hacia este sitio, una mujer sentada en la puerta de su casa nos preguntó si ya teníamos entrada para el sitio arqueológico. Aunque aquí las cosas son bastante informales, esto nos pareció ya demasiado, y dijimos que no, pero que no íbamos a entrar, que sólo íbamos caminando hacia el sur.  A los turistas se los ve aquí como un saco de billetes con patas. Y todo el mundo se cree que eres rico, o que te sobra el dinero, e intentan cobrarte por todo, y lo hacen descaradamente. En el camino hacia el sur había varias “boleterías” donde te cobraban por caminar. Sí, simplemente por ir de un sitio a otro usando caminos de tierra. Al entrar en el pueblo, al sur, también nos cobraron. Si venís por aquí, conservad los tickets que os dan, de esta forma no tendréis que pagar dos veces por lo mismo.








Por lo demás, el lugar es precioso y las vistas increíbles. El color azul del lago y el cielo, casi metálico. La caminata no es difícil, pero dura unas 5 o 6 horas si la haces con calma. Por el camino nos encontramos unos cuantos amigos que fueron haciendo el trayecto más entretenido. Es desde luego un viaje más que recomendable, ahora mismo todavía no sabría decidir si me gustó más esto o Machupicchu, pues es un lugar con una calma y un ambiente especial, tranquilo… Y personalmente me gustaría haber pasado algún tiempo más allí, aprovechar un día para darse un baño en las aguas del río… Pero teníamos el tiempo justo para ver todo lo que debíamos ver. Aún así las dos noches en bus en tres días, las vueltas y pitorreos en las aduanas y los engaños en los buses bien merecieron la pena para ver este lugar.







mércores, 28 de maio de 2014

De viaje…


Pues llevo unos cuantos días de silencio, y es porque he estado viajando aprovechando la visita de Irene, que fue compañera de piso durante unos meses cuando vivíamos en Dublín.  Aprovechando su visita, compramos el boleto turístico, el cual te da acceso durante diez días (el boleto completo y dos el parcial) a los principales centros arqueológicos de Cusco. Fue el momento también de visitar, por fin, el famoso Machupicchu, y, de sorpresa y totalmente improvisado, nos fuimos a Bolivia, al lago Titicaca a ver la Isla del Sol. Os iré contando capítulo a capítulo, conforme vaya encontrando un poquito de tiempo para escribir, y, ahora sí, con más fotos que palabras, que dicen que dicen más ;)


Por poneros un poco al día, también, os cuento que por fin durante esta semana empezaré el voluntariado con la ONG Derechos Humanos Sin Fronteras. El voluntariado es para hacer etnografía, así que feliz por poder llevar a cabo un poco de trabajo antropológico. Esta será mi actividad principal durante los dos próximos (y si todo sigue como hasta ahora, últimos) meses en Cusco. Así que más adelante, y cuando haya trabajado un poco y esté más metido en el tema, os explicaré más y mejor en que consiste mi trabajo allí. Si os produce curiosidad, esta es la web de la ONG.

Y por empezar en orden analfabético y descronológico, os cuento y muestro la que fue la subida al Putucusí. Esta montaña se sitúa justo en frente del centro arqueológico Machupicchu. Subir a ella es gratis, pero bastante duro. Se calcula que son unos 1700 escalones, de piedra y madera. Quien no haya tenido la sensación de caminar en vertical, este es el lugar ideal para experimentarlo. Espero que con las fotos os quede más claro. Primero, os sitúo, para que veáis exactamente donde queda. 

Bueno, esto es un espoiler en toda regla, porque estas fotos las saqué al día siguiente desde MachuPicchu, pero como ya dije, orden descronológico. Bien, en la primera foto es el pico que se ve en el centro un poquito a la izquierda. Y en la segunda el que se ve justo a la derecha. El del centro es el Waynapichu, que es desde donde, básicamente, se sacan la mayoría de las fotos que habéis visto del Machupicchu, y ya os adelanto que no serán las mías, porque cuando compré las entradas, ya estaban agotadas las que te permiten subir ahí. Que están limitadas a cuatrocientas al día.



Pero estábamos con el Putucusí. Que sí, que además tiene un nombre gracioso. Depende de las fuentes que consultes, el nombre quechua Phutuq K´usi puede significar "Montaña Feliz" o "Pepita de Calabaza". Sin tener mucha o ninguna idea de quechua me inclino más por la segunda opción. Al parecer Machupicchu significa montaña vieja y Waynapicchu montaña joven. Sería de esperar encontrar la palabra "Pichu" para montaña, aunque evidentemente puede haber sinónimos o incluso categorías diferentes de montañas que tengan otro nombre... En fin. Esto, con los restos Incas u otros prehispánicos y los nombres quechuas pasa todo el tiempo, porque se destruyó todo y ahora queda interpretar a ojos de buen cubero, si esa frase tiene algún sentido. Os pondré un ejemplo de esto con una roca en Machupicchu de la cual escuché tres interpretaciones totalmente diferentes de tres guías diferentes, los tres acreditados.

En fin, para subir al Putucusí hay que caminar desde Aguas Calientes. Que es el pueblo donde te alojarás la noche antes de subir al Machupicchu. El pueblo es muy feo y de hecho se construyó sólo a partir del auge turístico de Machupicchu expresamente con este fin. El acceso para comenzar el acceso no sólo no está señalizado, sino que además cuando llegas a él pone que está prohibido continuar. Como la mayoría de las normas en este país, te la saltas. Curiosamente, un poco más adelante te encuentras a un tipo apuntando tu nombre. Supongo que es para tener constancia si "se te cobra la montaña". O bueno, lo supuse al comienzo, porque había un hueco para poner la hora de entrada y otro para la de la salida. Pero cuando bajamos ya el tipo debió terminar su jornada laboral y nadie registró que efectivamente salí con vida del ascenso, y todavía peor descenso, al Putucusí.

Comienzas a subir. Se ve alto, pero los escalones de piedra/tierra son seguros y amplios. Te encuentras unas pequeñas escaleras de madera. Hasta que ves esto y te preguntas si realmente quieres seguir subiendo.



Yo, realmente, la pregunta me la hice más por la bajada que por la propia subida. Pero decidí que sí, que tenía que merecer la pena. Aquí otra toma de cómo de inclinada y larga era realmente la cosa.


Pero una vez pasados unos siete tramos como estos, algunos más largos que otros, y dejar abajo la zona de vegetación más selvática, la subida empezaba a tener sentido y merecer la pena. En la primera, podéis ver Aguas Calientes al fondo, en el centro, el pueblo donde empezó el ascenso y que realmente se llama Machupicchu Pueblo, por las razones antes comentadas. Supongo que Aguas Calientes viene por el hecho de las termas cercanas a la ciudad.




Pues Machupicchu Pueblo (o Aguas Calientes) se sitúa a 2040 metros sobre el nivel del mar. Y, como podéis ver, al llegar arriba estamos a 2500. Ya en esta foto se puede ver entre los hierbajos, al fondo en el centro, el centro arqueológico, el Waynapicchu y la base de la montaña Machupicchu a la izquierda. 


Estas son las vistas que tienes al llegar, con la camiseta empapada en sudor y el corazón latiendo a mil, por la altitud y el esfuerzo de subir esos muy variados 1700 escalones.




                          

En esta última foto se puede ver en el centro hacia la derecha el zigzagueante camino por donde suben lo buses para entrar al Machupicchu. Justo después, a la derecha de la imagen, el propio santuario. El pico más alto en el centro de la imagen es la montaña Machupicchu, a la que subiríamos al día siguiente, y el más bajito a la derecha, justo después del centro arqueológico, el Waynapicchu.

Aquí lo dejo por hoy. Para la próxima, seguramente, más de viajecitos y lugares bonitos.