mércores, 28 de maio de 2014

De viaje…


Pues llevo unos cuantos días de silencio, y es porque he estado viajando aprovechando la visita de Irene, que fue compañera de piso durante unos meses cuando vivíamos en Dublín.  Aprovechando su visita, compramos el boleto turístico, el cual te da acceso durante diez días (el boleto completo y dos el parcial) a los principales centros arqueológicos de Cusco. Fue el momento también de visitar, por fin, el famoso Machupicchu, y, de sorpresa y totalmente improvisado, nos fuimos a Bolivia, al lago Titicaca a ver la Isla del Sol. Os iré contando capítulo a capítulo, conforme vaya encontrando un poquito de tiempo para escribir, y, ahora sí, con más fotos que palabras, que dicen que dicen más ;)


Por poneros un poco al día, también, os cuento que por fin durante esta semana empezaré el voluntariado con la ONG Derechos Humanos Sin Fronteras. El voluntariado es para hacer etnografía, así que feliz por poder llevar a cabo un poco de trabajo antropológico. Esta será mi actividad principal durante los dos próximos (y si todo sigue como hasta ahora, últimos) meses en Cusco. Así que más adelante, y cuando haya trabajado un poco y esté más metido en el tema, os explicaré más y mejor en que consiste mi trabajo allí. Si os produce curiosidad, esta es la web de la ONG.

Y por empezar en orden analfabético y descronológico, os cuento y muestro la que fue la subida al Putucusí. Esta montaña se sitúa justo en frente del centro arqueológico Machupicchu. Subir a ella es gratis, pero bastante duro. Se calcula que son unos 1700 escalones, de piedra y madera. Quien no haya tenido la sensación de caminar en vertical, este es el lugar ideal para experimentarlo. Espero que con las fotos os quede más claro. Primero, os sitúo, para que veáis exactamente donde queda. 

Bueno, esto es un espoiler en toda regla, porque estas fotos las saqué al día siguiente desde MachuPicchu, pero como ya dije, orden descronológico. Bien, en la primera foto es el pico que se ve en el centro un poquito a la izquierda. Y en la segunda el que se ve justo a la derecha. El del centro es el Waynapichu, que es desde donde, básicamente, se sacan la mayoría de las fotos que habéis visto del Machupicchu, y ya os adelanto que no serán las mías, porque cuando compré las entradas, ya estaban agotadas las que te permiten subir ahí. Que están limitadas a cuatrocientas al día.



Pero estábamos con el Putucusí. Que sí, que además tiene un nombre gracioso. Depende de las fuentes que consultes, el nombre quechua Phutuq K´usi puede significar "Montaña Feliz" o "Pepita de Calabaza". Sin tener mucha o ninguna idea de quechua me inclino más por la segunda opción. Al parecer Machupicchu significa montaña vieja y Waynapicchu montaña joven. Sería de esperar encontrar la palabra "Pichu" para montaña, aunque evidentemente puede haber sinónimos o incluso categorías diferentes de montañas que tengan otro nombre... En fin. Esto, con los restos Incas u otros prehispánicos y los nombres quechuas pasa todo el tiempo, porque se destruyó todo y ahora queda interpretar a ojos de buen cubero, si esa frase tiene algún sentido. Os pondré un ejemplo de esto con una roca en Machupicchu de la cual escuché tres interpretaciones totalmente diferentes de tres guías diferentes, los tres acreditados.

En fin, para subir al Putucusí hay que caminar desde Aguas Calientes. Que es el pueblo donde te alojarás la noche antes de subir al Machupicchu. El pueblo es muy feo y de hecho se construyó sólo a partir del auge turístico de Machupicchu expresamente con este fin. El acceso para comenzar el acceso no sólo no está señalizado, sino que además cuando llegas a él pone que está prohibido continuar. Como la mayoría de las normas en este país, te la saltas. Curiosamente, un poco más adelante te encuentras a un tipo apuntando tu nombre. Supongo que es para tener constancia si "se te cobra la montaña". O bueno, lo supuse al comienzo, porque había un hueco para poner la hora de entrada y otro para la de la salida. Pero cuando bajamos ya el tipo debió terminar su jornada laboral y nadie registró que efectivamente salí con vida del ascenso, y todavía peor descenso, al Putucusí.

Comienzas a subir. Se ve alto, pero los escalones de piedra/tierra son seguros y amplios. Te encuentras unas pequeñas escaleras de madera. Hasta que ves esto y te preguntas si realmente quieres seguir subiendo.



Yo, realmente, la pregunta me la hice más por la bajada que por la propia subida. Pero decidí que sí, que tenía que merecer la pena. Aquí otra toma de cómo de inclinada y larga era realmente la cosa.


Pero una vez pasados unos siete tramos como estos, algunos más largos que otros, y dejar abajo la zona de vegetación más selvática, la subida empezaba a tener sentido y merecer la pena. En la primera, podéis ver Aguas Calientes al fondo, en el centro, el pueblo donde empezó el ascenso y que realmente se llama Machupicchu Pueblo, por las razones antes comentadas. Supongo que Aguas Calientes viene por el hecho de las termas cercanas a la ciudad.




Pues Machupicchu Pueblo (o Aguas Calientes) se sitúa a 2040 metros sobre el nivel del mar. Y, como podéis ver, al llegar arriba estamos a 2500. Ya en esta foto se puede ver entre los hierbajos, al fondo en el centro, el centro arqueológico, el Waynapicchu y la base de la montaña Machupicchu a la izquierda. 


Estas son las vistas que tienes al llegar, con la camiseta empapada en sudor y el corazón latiendo a mil, por la altitud y el esfuerzo de subir esos muy variados 1700 escalones.




                          

En esta última foto se puede ver en el centro hacia la derecha el zigzagueante camino por donde suben lo buses para entrar al Machupicchu. Justo después, a la derecha de la imagen, el propio santuario. El pico más alto en el centro de la imagen es la montaña Machupicchu, a la que subiríamos al día siguiente, y el más bajito a la derecha, justo después del centro arqueológico, el Waynapicchu.

Aquí lo dejo por hoy. Para la próxima, seguramente, más de viajecitos y lugares bonitos.

mércores, 7 de maio de 2014

Guía de supervivencia. El transporte público.

El transporte más utilizado en Perú son las llamadas “Combis”. Además de estos, existen taxis, aviones, colectivos, camiones…

Un taxi puede ser cualquier coche particular. Existen compañías establecidas, con su cartel, su número de teléfono para llamar y sus licencias. De coger alguno, probablemente esta sea la modalidad más recomendable, aunque en algunos lugares, como en Cusco, es bastante difícil dar con uno de estos. Los taxímetros no existen en este país. Por lo tanto, cada vez que coges un taxi, tienes que negociar. Normalmente, siempre te van a decir un precio un par de soles por encima de por lo que normalmente tu sabes que están dispuestos a hacer el viaje. Mencionar que es el trayecto que siempre haces y que sabes que ese es el precio ayuda a ganar la batalla. Si lo comparamos con los precios en Europa, los taxis aquí son muy baratos, y si vienes de turista o tienes aquí un buen sueldo, una gran alternativa a las famosas combis.

Existen muy pocas paradas de taxis. Al menos señalizadas como tal. Los taxis, en general, van conduciendo y pitando a cada segundo. Y hay cientos. Por lo tanto, si vas caminando por la calle, te sucederá que todos los coches te pitan. No, ni te están piropeando, ni son tus amigos peruanos. Son los taxis llamando la atención del posible cliente. ¿Sabéis eso que siempre habéis visto en las películas de levantar un brazo y que, inmediatamente, aparezca un taxi? Bien, aquí es tal cual. En realidad es casi al revés, son los taxistas quien, en lugar de levantar el brazo, levantan su pito para encontrar clientes. Es como fuese una ciudad de taxis en medio de unos pocos ciudadanos.

Los taxis suelen ser coches viejos, pequeños y sucios. No todos, pero la gran mayoría. Lo de ser pequeños ayuda mucho siendo la forma de conducir en Perú un auténtico caos. Entonces, estos taxis pequeños pueden posicionarse en cuatro carriles cuando realmente hay sólo dos. Y adelantar en zigzag sin problema. Además, esto no es motivo de multas. Si está permitido o no, no lo sé, pero nadie te va a multar porque esa es la forma normal de conducir aquí. Personalmente, ya le he pillado el gusto, y se siente como estar conduciendo en un videojuego, pero con las ventajas de estar en el mundo real.

Pero también hay una modalidad que, al parecer, es un invento peruano al mundo. Las mototaxis. Os dejo una foto a continuación de una muestra representativa. Parece ser que fue en Iquitos donde tuvieron esta gran idea. Iquitos es una ciudad aislada en medio de la Amazonía peruana. La única forma de llegar es o bien en avión, o bien en una travesía por barco a través del Amazonas que dura, como mínimo, tres días. En otras zonas aisladas del país se adoptaron también al mismo tiempo.


La presencia de esta modalidad de transporte público es, de todas formas, muy desigual. En la ciudad del Cusco no se ve ninguna, a menos que te vayas a las afueras, al barrio de Santiago o San Jerónimo. Sin embargo otras ciudades como Chincha, o incluso en Lima, se ven mucho. En otras, son casi lo único que existe.

Por supuesto, existen aeropuertos, y siendo Perú un país tan extenso, hay bastantes repartidos por la geografía del país. Concretamente hay 74  aeropuertos diferentes. Alguno más en proyecto. Entre estos 74 sólo hay un aeropuerto internacional; el de Lima. Pero no contentos con esto, son muy pocas las conexiones que existen entre estos 74 aeropuertos y normalmente, debes viajar siempre a Lima para ir a cualquier otro sitio en el país. Esto es bastante ridículo y encarece los viajes. Pero Perú es un país con un centralismo muy marcado, y claro, esto, beneficia a la Capital en diversas formas.

Si el aeropuerto en Cusco fuese internacional, ¿quién iba a pasar a visitar Lima? Mi teoría es que bastante menos gente de la que lo hace actualmente. Cusco es la ciudad más visitada de toda América del Sur por turistas a lo largo del año, y en este sentido, Lima no podría quedarse tranquila sin llevarse su parte económica del trato.

Para más inri, viajar en avión dentro de Perú, dependiendo de la compañía, tiene diferentes precios para nacionales y extranjeros. Los precios pasarán automáticamente a estar en dólares y seguramente a ser una cantidad más alta que en soles, por lo que el precio, automáticamente, se cuadriplica, como poco.

Existen también buses, que conectan las ciudades entre sí. Lima – Cusco por ejemplo, es un precio bastante aceptable, tienes un precio fijo que no suele cambiar salvo en determinadas fechas, y en poco menos de 24 horas de camino, recorres los 1104 kilómetros que separan las dos ciudades. Sí, 24 horas, donde ves todo tipo de paisaje, la desértica costa peruana, los Andes, subes a casi 5000 metros, para luego volver a bajar a los 3400 donde se sitúa el Cusc

o. Yo he hecho este trayecto en coche y hemos estado 27 horas conduciendo. Por lo que para llegar en menos de 24 tienes que ir en modo carrera, no en modo viaje. Muchos autobuses no adelantaban por carreteras, en muchos tramos, de tierra, con piedras en medio obstruyendo el camino, tormentas eléctricas, granizadas, lluvias torrenciales… Os puedo asegurar que se sentía más como una carrera de obstáculos que como un viaje a otro lugar.

Al parecer, las compañías de buses difieren mucho entre unas y otras. Desde el precio hasta la calidad y edad de los coches. Es por ello recomendable informarse antes de emprender viaje si uno no quiere tener sorpresas de quedarse tirado en medio del viaje porque el bus es viejísimo o arriesgarse más de lo debido porque en ese trayecto de 24 horas va un solo conductor.

Otra cosa curiosa de estos autobuses es que muchos funcionan también como empresa de transportes. Entonces, tu puedes enviar un paquete a otra persona a través de un bus. La otra persona deberá ir a recogerla al “terminal terrestre” (estación de buses) y llevárselo a casa desde allí. La ventaja de este sistema, es, también, lo económico de los precios.

Y por fin, le toca el turno a las famosas y tan usadas “Combis”. Su status es contradictorio en el país. La gente los usa, porque no hay otra cosa, pero la forma en que tratan al viajero, su forma de conducir, siendo no peligrosa sino temeraria y las condiciones de los vehículos los ponen continuamente en tela de juicio. Los intentos de los gobiernos por erradicar esta forma de transporte y mejorarla parecen siempre avocados al fracaso. La única parte buena; hay muchas líneas, te llevan casi a cualquier lugar, y son bastante baratos. Dentro de la ciudad de Cusco, cualquier viaje son 70 céntimos de sol. Al cambio, unos 18 céntimos de euro.

Como no existe un horario, o una frecuencia fija de las líneas, y además cambian su itinerario cada cierto tiempo y por motivos varios, el sistema para saber cómo llegar a un sitio es preguntarle a la persona que abre y cierra la puerta y también cobra el pasaje. Al contrario de lo que sucede en la mayor parte del mundo occidental capitalista, aquí se paga al salir. Entonces, esta persona, llegada la combi al paradero, abre la puerta, baja y empieza a gritar el itinerario. Existe incluso un deje, una forma de decirlos. Normalmente todo seguido, rápido, sin parar, sin muchos espacios y nombrando las paradas más conocidas. Por supuesto, existe espacio para la innovación y el gusto personal en este ámbito. Te subes, y esta persona va a ir nombrando, voz en grito, las paradas. Cuando quieras bajarte, tienes que decir, también voz en grito dependiendo de tu distancia con la persona, “¡baja!”. Entonces él dirá “Baja, baja, (nombre de la parada) baja” Y el conductor entiende que tiene que parar para que alguien baje. Mientras estás bajando, esta persona dirá “Baja, baja, baja…” Un número indefinido de veces, para que el conductor entienda que todavía no puede arrancar. A continuación, si sube alguien, dirá “Sube, sube, sube” para que el conductor sepa que no debe arrancar todavía. Cuando pueda, él dará la señal un “¡

    a o “!que decir, tambina  debe arrancar todav todavien baje. Mientras estando quieras bajarte, tienes que decir, tambina Avanza, avanza!” o “¡Vamos, vamos!”.

En hora punta, ir en una combi es como entrar en una lata de sardinas bien apretada. Los conductores y sus copilotos (estos que gritan las paradas) parecen no tener un sentido del espacio muy desarrollado, y meten a gente y les gritan que se aprieten y hagan cosas imposibles mientras conducen como locos a la carrera con otras combis. Esto hace del viaje una aventura bastante curiosa.  El tamaño de una combi puede variar, desde las que son poco más que una furgoneta tipo “Berlingo” o “C-15” hasta autobuses pequeños. En las primeras fácilmente puedes ver entre sentadas, agachadas o intentando ir de pié entre 25 o 30 personas fácilmente. En un autobús, de las combis más grandes, donde deberían coger unas 40 personas, pueden entrar fácil unas setenta u ochenta.

Pero, quizás, lo más divertido de ir en una combi es vernos a los occidentales de turno obligados a gritar en un espacio público. Viniendo de España o en general del sur de Europa, a una gran mayoría no le supondrá un gran problema, pues el volumen de las conversaciones “normales” entre personas en estos países tiende a ser aptos para sordos sin audífono. Pero para el resto de Europa, o para un americano o Canadiense, la cosa cambia y cuando tienen que bajar, notas cómo van planeándolo, y se ríen entre ellos por haber alzado la voz en público.  Reconozco que, personalmente, tampoco me gusta el sistema. E imaginaos en la famosa combi de capacidad 20 personas pero llena hasta los topes con 40, en la parte de atrás de todo, cuando quieres salir, no hay espacio para una mosca, y tienes que gritar “BAJA”, que te escuche el tipo, que se lo diga al conductor, y cual Rambo en medio de la selva, tienes que llegar, a través de empujones y “apartamientos” de gente hasta la puerta de salida.

Intentaré, más pronto que tarde, grabar un vídeo de alguna parte de todo este proceso, para que realmente podáis entender el proceso como es debido.


Vaya ladrillazo que os he metido. Y aún parece que queden muchas cosas por decir. Y es que para un Papalagi, muchas de las cosas que suceden aquí con los transportes públicos sin directamente de cárcel. Y lo serían en cualquier país occidental. Pero no en la mayoría de países del mundo, como cualquier viajero habrá podido comprobar. En fin, ahora no tenéis excusa si algún día decidís viajar a Perú y queréis moveros libremente y con conocimiento por este bonito país.

martes, 6 de maio de 2014

Guía de supervivencia. El “Sencillo” en Perú.

El sencillo en Perú es una cuestión de importancia capital. Cualquier persona en Perú debe salir de casa con tres kilos de monedas en sus bolsillos si quiere ser capaz de pagar cualquier cosa que necesite comprar.


Sencillo no es otra cosa que tener cambio. Monedas, suelto. Pero en Perú parece que los nuevos soles se vayan a acabar al día siguiente y necesiten hacer acopio de todas las monedas que sean capaces. Es como si la moneda de uso corriente fuese de edición limitada y ansiaran cada una como si supiesen que al día siguiente esos cincuenta céntimos van a doblar o triplicar su valor. 

Por lo tanto, si sales con un billete de diez y la cantidad a pagar es menor de cinco, te pondrán mala cara. Si ya quieres pagar con uno de 20, puedes tener problemas: por mucho que ansíen el sencillo, parecen no ser capaces de acumular nunca más de 10 o 15 soles cambiados. Aunque sea el final del día y hayas visto salir y entrar a 500 personas en el local. Intentar pagar una cantidad menor a 15 soles con un billete de 50 es una misión imposible. Y finalmente, salir de casa con un billete de cien soles, es como salir de casa sin dinero. En la vida real, tiene el mismo valor, pues a pesar de que los cajeros te lo dan, en ningún pequeño o mediano negocio te lo van a aceptar bajo la premisa de no tener sencillo.


El mecanismo por el cual el cambio desaparece de la vida de las personas es un misterio. Todavía lo es más el hecho de que, bajo este sistema de creencias, muchos negocios pierden ventas, y a nadie parece importarle. La constitución del país lo define como un país de libre mercado capitalista. Y a pesar de que con un mecanismo tan sencillo como tener una cantidad flotante en caja solucionas el problema del sencillo de un plumazo, a nadie parece habérsele ocurrido. Y no era necesario ni ser muy ocurrente, ya que dada la cantidad de personas migrantes, podrían sencillamente haberlo copiado de otros sitios. Pero no, la implantación de este sistema parece contar con barreras insalvables para la idiosincrasia del país. 

 
Contaré una breve experiencia personal para ilustrar el caso. Me encontraba yo viajando por la costa arequipeña, al sur del país, en Mollendo, un pueblo costero, bastante bonito para los estándares peruanos, ordenado, sin mucho caos ni ruido en las calles, bastante limpio incluso. Salgo del Hostel donde me alojaba. Quería tomar un café o un desayuno, pero consciente de que sólo tenía un billete de cien soles, intento cambiar en la recepción del Hostel. Sabiendo lo sensible del asunto, le pregunto si tiene sencillo de cien, aunque sea dos de cincuenta, lo cual me supondría una gran ayuda. A lo mejor, desayunando tres veces, podría encontrar un sitio donde me sirvieran. Por supuesto, el hombre me miro con cara de haberle hecho la pregunta más absurda del mundo, y con una sonrisa de medio lado me dijo que no tenía. 


Sabiéndome ya condenado a no poder tomar mi desayuno, me dirigo a cada cafetería que encuentro. ¿Tienen café? (Esto en Perú hay que preguntarlo, muchas cafeterías tienen sólo nescafé, otras ningún tipo de café en absoluto) me dicen en la primera que sólo Nescafe. Bueno, estoy dispuesto a renunciar a mi dosis de cafeína, si al menos puedo comer algo y engañar al paladar con mal café soluble. "Sólo tengo un billete de 100, ¿tendría sencillo para yo poder pagarle?". No. El mismo procedimiento en las restantes tres cafeterías dio igual resultado. En consecuencia, los 10-15 soles que habría pagado, dependiendo de la cara de gringo que me viesen y lo que quisieran inflar el precio a causa de ello, se quedaron en mi bolsillo, en forma de billete de 100 soles. Papel al que la mayoría de peruanos debe ser ya, a estas alturas, alérgico. 


Queda entonces pendiente una investigación acerca de todo esto. Preguntaré a ver si es posible en este país ir al banco a conseguir monedas, o si realmente resulta que el banco del país emite demasiados billetes y pocas monedas y las transacciones monetarias se vuelven así de difíciles. Mientras tanto, una posible solución que se me ocurre, es que en cada casa del país, suceda esto;


Las fotos son todas de Mollendo, del viajecito que hicimos en semana santa Jose, Nadia y yo, Más adelante habrá alguna de Arequipa, la playa de Punta Bombón y otros sitios que visitamos por ahí cerca.

venres, 2 de maio de 2014

Primeros días. Descubriendo Lima

Y, como voy con dos meses y pico de retraso, aprovecho este, realmente, primer texto, para resumir cómo está la cosa por Cusco a día de hoy; nada de lo planeado ha salido como era debido, así que me he buscado otras cosas que hacer. Planes B, siempre. Pero resulta que acaban siendo los mejores, a veces. Porque como los planes A no los conozco, y hay que ser positivos, pues a tope con los planes B.

Resulta que el voluntariado en la Defensoría era demasiado pedir para la burocracia peruana. Más de cuatro meses de papeleo desde Europa y una semana intentándolo en Lima, no dieron resultado. Todo aquel que se queja de la burocracia en Europa es definitivamente porque no ha venido a hacer un mínimo trámite a Perú. La cosa se pone tan ridícula, como que tienes que pagar para hacer un papeleo que te permita a continuación firmar un contrato de trabajo, por ejemplo. Es decir, tienes que pagar para que tu firma sea legal. Y ese permiso tiene un límite de quince días. El amable burócrata que me atendió en el Ministerio de Inmigración me quería colar que eran treinta, pero allí estaba el típico malhumorado haciendo la típica cola que hay que hacer en este país para cualquier cosa, para advertirme (en la propia cara del burócrata) que eso era mentira, que a él le dijeron que eran treinta días, pero eran quince, y en ese momento estaba volviendo a pagar la tasa correspondiente para poder firmar el contrato laboral que le habían dado con retraso.




Gran parte del problema con la burocracia, creo, es la necesidad de cada burócrata de justificar su puesto en el engranaje administrativo. Y lo peor de todo es que se cubren las espaldas. Intento resumir mi día en el Ministerio de la Mujer en Lima (no hace falta que vayáis nunca a esta ciudad, el centralismo Peruano os va a hacer pasar por su aeropuerto sí o sí, coged un avión cuanto antes y dirigíos a cualquier otro punto del país, o del continente) donde tenía que registrarme como voluntario. El protocolo fue como sigue; entro, me piden que me identifique y que vengo a hacer, digo a quien vengo a ver, la llaman, está reunida, pero me recibirá otra persona. Dejo mi DNI, me dan un papel. Subo al piso quinto, allí me espera una agente de seguridad, que me retiene el papel que me han dado, y le pone un sello. Me lo devolverá al salir, me dice. Me reúno con la chica, muy simpática, sólo me falta un papel, cuando lo tenga, que vuelva. Salgo, la segurata me devuelve el papel, que entrego en la recepción y después de hacer que comprueban algo, me devuelven mi DNI.





Por terminar de contar la aventura, os cuento que solicito ese papel, que increíblemente llega en cuestión de un par de horas a mi correo, lo imprimo, vuelvo al Ministerio, mismo protocolo con el DNI y el papelito. Me atiende otra persona, la primera que debía ver se había desreunido ya, pero ahora se encontraba almorzando. Le explico todo al chico nuevo. Me falta otro papel. Básicamente, este sólo servía para entregarlo en la ventanilla del registro, porque para lo que era el proceso de registro, lo tenía todo. Le explico que la persona a la que va a llegar ese papel está al tanto de mi caso, que hay cierta urgencia y que ella recibirá directamente mi solicitud. Eso, me dice, entra dentro de la informalidad, y el no lo puede hacer. Yo, desconocedor del protocolo, no sabía si ese era el momento de ofrecerle 50 euros para que cambiase de opinión. Ni lo iba a hacer. Pero bueno, el tema es que después solicité ese otro papel, y dos meses y diez días después, sigo esperando por él.
Dado el desinterés de la institución en cuestión por mi fuerza de trabajo gratuita, la decisión estaba clara. El tema del diplomado, que también acabo de decidir dejarlo hace unos días, es diferente; el nivel era demasiado bajo y no estaba aprendiendo nada. Y como las ganas de volver a empezar un proceso de seis meses para aprender algo que ya sé son pocas, y de la meritocracia y titulitis estoy también de vuelta y media, pues lo he dejado.


Y como novedad novedosa, pues he dado con una ONG gracias al empeño que tiene mi buen amigo Jose en que no me vaya de este país, donde, por fin, parece ser que van a aceptar mi mano de obra gratuita y, además no voy a tener que pagar por ello (sí, lo del voluntariado se está convirtiendo en una cosa muy bizarra…). Pero bueno, sarcasmos aparte, la ONG tiene una línea de trabajo muy comprometida con las comunidades que se ven afectadas, sobre todo, por temas de conflictos socio ambientales (minería y demás negocios extractivos) y quieren hacer trabajo etnográfico en estas comunidades. Me han contado que trabajar con ellos puede traerme problemas con las autoridades y el gobierno peruano. Parece que ya ha pasado con alguna voluntaria. Si me lo han dicho a modo de advertencia, ha tenido el efecto contrario. Si tienen problemas con las autoridades y las empresas mineras es señal de que están haciendo un trabajo que merece la pena. Tendréis más noticias sobre este nuevo proyecto. A ver qué sale.




Bueno, os he ido dejando unas fotos que hice esa primera semana en Lima, apodada “La Horrible” y no sin motivos. Porque además es peligrosa. Esa semana tuve la suerte de encontrarme con el Napias y su compa de viaje, reencuentro que hizo mucho más llevadera mi estancia en este lugar, y gracias al cual nos fuimos a un prometedor “Carnaval Negro” al sur de Lima, en la provincia de Ica, que resultó en un decepcionante concurso de belleza adolescente y una orquesta pachanguera horrible. Pero la compañía mereció la pena. Y la aventura de los que nos recogieron haciendo dedo para llegar a Lima y nos quisieron cobrar, dejándonos en medio de la Panamericana, afortunadamente bastante cerca ya de Lima, por lo que nos acercamos al siguiente “paradero” (es la palabra nacional para las paradas de bus, combi, o cualquier modalidad de transporte público. A su vez, las estaciones de buses, son “terminales terrestres”, término que suena como a ciencia ficción, y bueno, en realidad son lugares muy cercanos a ese género) y ya en ese paradero, cogimos (agarramos, coger aquí es otra cosa) un bus y llegamos a nuestro destino.