El
transporte más utilizado en Perú son las llamadas “Combis”. Además de estos,
existen taxis, aviones, colectivos, camiones…
Un taxi
puede ser cualquier coche particular. Existen compañías establecidas, con su
cartel, su número de teléfono para llamar y sus licencias. De coger alguno,
probablemente esta sea la modalidad más recomendable, aunque en algunos
lugares, como en Cusco, es bastante difícil dar con uno de estos. Los
taxímetros no existen en este país. Por lo tanto, cada vez que coges un taxi,
tienes que negociar. Normalmente, siempre te van a decir un precio un par de
soles por encima de por lo que normalmente tu sabes que están dispuestos a
hacer el viaje. Mencionar que es el trayecto que siempre haces y que sabes que
ese es el precio ayuda a ganar la batalla. Si lo comparamos con los precios en
Europa, los taxis aquí son muy baratos, y si vienes de turista o tienes aquí un
buen sueldo, una gran alternativa a las famosas combis.
Existen
muy pocas paradas de taxis. Al menos señalizadas como tal. Los taxis, en
general, van conduciendo y pitando a cada segundo. Y hay cientos. Por lo tanto,
si vas caminando por la calle, te sucederá que todos los coches te pitan. No,
ni te están piropeando, ni son tus amigos peruanos. Son los taxis llamando la
atención del posible cliente. ¿Sabéis eso que siempre habéis visto en las
películas de levantar un brazo y que, inmediatamente, aparezca un taxi? Bien,
aquí es tal cual. En realidad es casi al revés, son los taxistas quien, en
lugar de levantar el brazo, levantan su pito para encontrar clientes. Es como
fuese una ciudad de taxis en medio de unos pocos ciudadanos.
Los
taxis suelen ser coches viejos, pequeños y sucios. No todos, pero la gran
mayoría. Lo de ser pequeños ayuda mucho siendo la forma de conducir en Perú un
auténtico caos. Entonces, estos taxis pequeños pueden posicionarse en cuatro
carriles cuando realmente hay sólo dos. Y adelantar en zigzag sin problema.
Además, esto no es motivo de multas. Si está permitido o no, no lo sé, pero
nadie te va a multar porque esa es la forma normal de conducir aquí.
Personalmente, ya le he pillado el gusto, y se siente como estar conduciendo en
un videojuego, pero con las ventajas de estar en el mundo real.
Pero
también hay una modalidad que, al parecer, es un invento peruano al mundo. Las mototaxis. Os dejo una foto a continuación de una muestra representativa.
Parece ser que fue en Iquitos donde tuvieron esta gran idea. Iquitos es una
ciudad aislada en medio de la Amazonía peruana. La única forma de llegar es o
bien en avión, o bien en una travesía por barco a través del Amazonas que dura,
como mínimo, tres días. En otras zonas aisladas del país se adoptaron también
al mismo tiempo.
La
presencia de esta modalidad de transporte público es, de todas formas, muy
desigual. En la ciudad del Cusco no se ve ninguna, a menos que te vayas a las
afueras, al barrio de Santiago o San Jerónimo. Sin embargo otras ciudades como
Chincha, o incluso en Lima, se ven mucho. En otras, son casi lo único que
existe.
Por
supuesto, existen aeropuertos, y siendo Perú un país tan extenso, hay bastantes repartidos por la geografía del país. Concretamente hay 74 aeropuertos diferentes. Alguno más en
proyecto. Entre estos 74 sólo hay un aeropuerto internacional; el de Lima. Pero
no contentos con esto, son muy pocas las conexiones que existen entre estos 74
aeropuertos y normalmente, debes viajar siempre a Lima para ir a cualquier otro
sitio en el país. Esto es bastante ridículo y encarece los viajes. Pero Perú es
un país con un centralismo muy marcado, y claro, esto, beneficia a la Capital
en diversas formas.
Si el
aeropuerto en Cusco fuese internacional, ¿quién iba a pasar a visitar Lima? Mi
teoría es que bastante menos gente de la que lo hace actualmente. Cusco es la
ciudad más visitada de toda América del Sur por turistas a lo largo del año, y
en este sentido, Lima no podría quedarse tranquila sin llevarse su parte
económica del trato.
Para
más inri, viajar en avión dentro de Perú, dependiendo de la compañía, tiene
diferentes precios para nacionales y extranjeros. Los precios pasarán
automáticamente a estar en dólares y seguramente a ser una cantidad más alta
que en soles, por lo que el precio, automáticamente, se cuadriplica, como poco.
Existen
también buses, que conectan las ciudades entre sí. Lima – Cusco por ejemplo, es
un precio bastante aceptable, tienes un precio fijo que no suele cambiar salvo
en determinadas fechas, y en poco menos de 24 horas de camino, recorres los
1104 kilómetros que separan las dos ciudades. Sí, 24 horas, donde ves todo tipo
de paisaje, la desértica costa peruana, los Andes, subes a casi 5000 metros,
para luego volver a bajar a los 3400 donde se sitúa el Cusco. Yo he hecho este trayecto en coche y hemos estado 27 horas conduciendo. Por lo que para llegar en menos de 24 tienes que ir en modo carrera, no en modo viaje. Muchos autobuses no adelantaban por carreteras, en muchos tramos, de tierra, con piedras en medio obstruyendo el camino, tormentas eléctricas, granizadas, lluvias torrenciales… Os puedo asegurar que se sentía más como una carrera de obstáculos que como un viaje a otro lugar.
Al
parecer, las compañías de buses difieren mucho entre unas y otras. Desde el
precio hasta la calidad y edad de los coches. Es por ello recomendable informarse
antes de emprender viaje si uno no quiere tener sorpresas de quedarse tirado en
medio del viaje porque el bus es viejísimo o arriesgarse más de lo debido
porque en ese trayecto de 24 horas va un solo conductor.
Otra
cosa curiosa de estos autobuses es que muchos funcionan también como empresa de
transportes. Entonces, tu puedes enviar un paquete a otra persona a través de
un bus. La otra persona deberá ir a recogerla al “terminal terrestre” (estación
de buses) y llevárselo a casa desde allí. La ventaja de este sistema, es,
también, lo económico de los precios.
Y por
fin, le toca el turno a las famosas y tan usadas “Combis”. Su status es
contradictorio en el país. La gente los usa, porque no hay otra cosa, pero la
forma en que tratan al viajero, su forma de conducir, siendo no peligrosa sino
temeraria y las condiciones de los vehículos los ponen continuamente en tela de
juicio. Los intentos de los gobiernos por erradicar esta forma de transporte y
mejorarla parecen siempre avocados al fracaso. La única parte buena; hay muchas
líneas, te llevan casi a cualquier lugar, y son bastante baratos. Dentro de la
ciudad de Cusco, cualquier viaje son 70 céntimos de sol. Al cambio, unos 18
céntimos de euro.
Como no
existe un horario, o una frecuencia fija de las líneas, y además cambian su
itinerario cada cierto tiempo y por motivos varios, el sistema para saber cómo
llegar a un sitio es preguntarle a la persona que abre y cierra la puerta y
también cobra el pasaje. Al contrario de lo que sucede en la mayor parte del
mundo occidental capitalista, aquí se paga al salir. Entonces, esta persona,
llegada la combi al paradero, abre la puerta, baja y empieza a gritar el
itinerario. Existe incluso un deje, una forma de decirlos. Normalmente todo
seguido, rápido, sin parar, sin muchos espacios y nombrando las paradas más
conocidas. Por supuesto, existe espacio para la innovación y el gusto personal
en este ámbito. Te subes, y esta persona va a ir nombrando, voz en grito, las
paradas. Cuando quieras bajarte, tienes que decir, también voz en grito
dependiendo de tu distancia con la persona, “¡baja!”. Entonces él dirá “Baja,
baja, (nombre de la parada) baja” Y el conductor entiende que tiene que parar
para que alguien baje. Mientras estás bajando, esta persona dirá “Baja, baja,
baja…” Un número indefinido de veces, para que el conductor entienda que
todavía no puede arrancar. A continuación, si sube alguien, dirá “Sube, sube,
sube” para que el conductor sepa que no debe arrancar todavía. Cuando pueda, él
dará la señal un “¡
Avanza, avanza!” o “¡Vamos,
vamos!”.
En hora
punta, ir en una combi es como entrar en una lata de sardinas bien apretada.
Los conductores y sus copilotos (estos que gritan las paradas) parecen no tener
un sentido del espacio muy desarrollado, y meten a gente y les gritan que se
aprieten y hagan cosas imposibles mientras conducen como locos a la carrera con
otras combis. Esto hace del viaje una aventura bastante curiosa. El tamaño de una combi puede variar, desde
las que son poco más que una furgoneta tipo “Berlingo” o “C-15” hasta autobuses
pequeños. En las primeras fácilmente puedes ver entre sentadas, agachadas o
intentando ir de pié entre 25 o 30 personas fácilmente. En un autobús, de las
combis más grandes, donde deberían coger unas 40 personas, pueden entrar fácil
unas setenta u ochenta.
Pero,
quizás, lo más divertido de ir en una combi es vernos a los occidentales de
turno obligados a gritar en un espacio público. Viniendo de España o en general
del sur de Europa, a una gran mayoría no le supondrá un gran problema, pues el
volumen de las conversaciones “normales” entre personas en estos países tiende
a ser aptos para sordos sin audífono. Pero para el resto de Europa, o para un
americano o Canadiense, la cosa cambia y cuando tienen que bajar, notas cómo
van planeándolo, y se ríen entre ellos por haber alzado la voz en público. Reconozco que, personalmente, tampoco me gusta
el sistema. E imaginaos en la famosa combi de capacidad 20 personas pero llena
hasta los topes con 40, en la parte de atrás de todo, cuando quieres salir, no
hay espacio para una mosca, y tienes que gritar “BAJA”, que te escuche el tipo,
que se lo diga al conductor, y cual Rambo en medio de la selva, tienes que
llegar, a través de empujones y “apartamientos” de gente hasta la puerta de
salida.
Intentaré,
más pronto que tarde, grabar un vídeo de alguna parte de todo este proceso,
para que realmente podáis entender el proceso como es debido.
Vaya ladrillazo
que os he metido. Y aún parece que queden muchas cosas por decir. Y es que para
un Papalagi, muchas de las cosas que suceden aquí con los transportes públicos
sin directamente de cárcel. Y lo serían en cualquier país occidental. Pero no
en la mayoría de países del mundo, como cualquier viajero habrá podido
comprobar. En fin, ahora no tenéis excusa si algún día decidís viajar a Perú y
queréis moveros libremente y con conocimiento por este bonito país.

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