El sencillo en Perú es una cuestión de
importancia capital. Cualquier persona en Perú debe salir de casa con tres
kilos de monedas en sus bolsillos si quiere ser capaz de pagar cualquier cosa
que necesite comprar.
Sencillo no es otra cosa que tener cambio.
Monedas, suelto. Pero en Perú parece que los nuevos soles se vayan a acabar al
día siguiente y necesiten hacer acopio de todas las monedas que sean capaces.
Es como si la moneda de uso corriente fuese de edición limitada y ansiaran cada
una como si supiesen que al día siguiente esos cincuenta céntimos van a doblar
o triplicar su valor.
Por lo tanto, si sales con un billete de
diez y la cantidad a pagar es menor de cinco, te pondrán mala cara. Si ya quieres
pagar con uno de 20, puedes tener problemas: por mucho que ansíen el sencillo,
parecen no ser capaces de acumular nunca más de 10 o 15 soles cambiados. Aunque
sea el final del día y hayas visto salir y entrar a 500 personas en el local.
Intentar pagar una cantidad menor a 15 soles con un billete de 50 es una misión
imposible. Y finalmente, salir de casa con un billete de cien soles, es como
salir de casa sin dinero. En la vida real, tiene el mismo valor, pues a pesar
de que los cajeros te lo dan, en ningún pequeño o mediano negocio te lo van a
aceptar bajo la premisa de no tener sencillo.
El mecanismo por el cual el cambio
desaparece de la vida de las personas es un misterio. Todavía lo es más el
hecho de que, bajo este sistema de creencias, muchos negocios pierden ventas, y
a nadie parece importarle. La constitución del país lo define como un país de
libre mercado capitalista. Y a pesar de que con un mecanismo tan sencillo como
tener una cantidad flotante en caja solucionas el problema del sencillo de un
plumazo, a nadie parece habérsele ocurrido. Y no era necesario ni ser muy
ocurrente, ya que dada la cantidad de personas migrantes, podrían sencillamente
haberlo copiado de otros sitios. Pero no, la implantación de este sistema
parece contar con barreras insalvables para la idiosincrasia del país.
Contaré una breve experiencia personal
para ilustrar el caso. Me encontraba yo viajando por la costa arequipeña, al
sur del país, en Mollendo, un pueblo costero, bastante bonito para los
estándares peruanos, ordenado, sin mucho caos ni ruido en las calles, bastante
limpio incluso. Salgo del Hostel donde me alojaba. Quería tomar un café o un
desayuno, pero consciente de que sólo tenía un billete de cien soles, intento
cambiar en la recepción del Hostel. Sabiendo lo sensible del asunto, le
pregunto si tiene sencillo de cien, aunque sea dos de cincuenta, lo cual me
supondría una gran ayuda. A lo mejor, desayunando tres veces, podría encontrar
un sitio donde me sirvieran. Por supuesto, el hombre me miro con cara de haberle
hecho la pregunta más absurda del mundo, y con una sonrisa de medio lado me
dijo que no tenía.
Sabiéndome ya condenado a no poder tomar
mi desayuno, me dirigo a cada cafetería que encuentro. ¿Tienen café? (Esto en
Perú hay que preguntarlo, muchas cafeterías tienen sólo nescafé, otras ningún
tipo de café en absoluto) me dicen en la primera que sólo Nescafe. Bueno, estoy
dispuesto a renunciar a mi dosis de cafeína, si al menos puedo comer algo y
engañar al paladar con mal café soluble. "Sólo tengo un billete de 100, ¿tendría
sencillo para yo poder pagarle?". No. El mismo procedimiento en las
restantes tres cafeterías dio igual resultado. En consecuencia, los 10-15 soles
que habría pagado, dependiendo de la cara de gringo que me viesen y lo que
quisieran inflar el precio a causa de ello, se quedaron en mi bolsillo, en
forma de billete de 100 soles. Papel al que la mayoría de peruanos debe ser ya,
a estas alturas, alérgico.
Queda entonces pendiente una investigación
acerca de todo esto. Preguntaré a ver si es posible en este país ir al banco a
conseguir monedas, o si realmente resulta que el banco del país emite
demasiados billetes y pocas monedas y las transacciones monetarias se vuelven
así de difíciles. Mientras tanto, una posible solución que se me ocurre, es que
en cada casa del país, suceda esto;
Las fotos son todas de Mollendo, del viajecito que hicimos en semana santa Jose, Nadia y yo, Más adelante habrá alguna de Arequipa, la playa de Punta Bombón y otros sitios que visitamos por ahí cerca.

Encántame! É coma se ter moitos moitos cartos, non servese de nada nada.... Pois como debe de ser!!! :)
ResponderEliminarGraciñas Anita ! É medio así. Mais teñen unhas manías cos cartos aquí que flipas. Para comezar, en canto lles das un billete, o cheiran, o tocan, o lamben e o miran a contraluz... para saber se é verdadeiro. O de miralo a contraluz, ben, mais o de cheiralo e saborealo, e a primeira vez na miña vida. Despois, como a moeda ou o billete teñan estén medio gastados, non cho aceptan porque din que non vale. Unha mentira xigantesca, mais esta xente vive así, de cousas que din os outros, o acreditan, e os demais a pagar as consecuencias...
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